jueves 25 febrero, 2021 - 10:01 am

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¿Cuánta falsificación en China?

TERRIL YUE JONES

REUTERS

Botellas falsas decomkisadas en Shianxi.

Bruno Paumard, director técnico de una bodega en China, no puede dejar de reírse mientras describe una botella de vino supuestamente francés que un amigo le regaló hace dos años: un blanco con etiqueta que indicaba que procedía de Romanée-Conti y en una botella con el logotipo de Château Lafite-Rothschild, pero que decía proceder de Montpellier, en el sur de Francia.

El Domaine de la Romanée-Conti, famoso por sus apreciadísimos y carísimos vinos de Borgoña, sólo elabora en cantidades minúsculas un blanco, el Montrachet. No tiene nada que ver con el igualmente prestigioso Lafite, que está en Burdeos. Ambos, lejísimos de Montpellier. 

«Es el ejemplo más magnífico de marca de vino robado que he visto», dice Paumard, que trabaja en Chareau Hansen, en la región china de Mongolia Interior-«No lo hay mejor».

Las tiendas de vinos, los restaurantes y los supermercados de China, el país más poblado del mundo y quinto consumidor mundial de vino, libran un combate constante contra los vinos falsificados. Y éstos pueden crecer en número tras el inicio de una investigación anti-dumping de los vinos de la UE con la amenaza de barreras arancelarias o no, que llegó como respuesta a la imposición de aranceles anti-dumping europeos a los paneles solares chinos.
«No me importa que el vino sea más caro, lo que no quiero son falsificaciones», decía Helen Nie, ama de casa de Pekín, mientras compartía con una amiga una botella de blanco italiano en un restaurante. «Si los precios suben, seguiré comprando vino, aunque hay personas que no: el precio cuenta. Pero la calidad importa. Es cuestión de salud».
Las exportaciones de la UE a China alcanzaron los 257 millones de litros en 2012,por un valor de cerca de 1.000 millones de dólares, multiplicando por más de diez los resultados de 2006 mientras que una riqueza en rápido aumento transforma las vidas y los gustos en la potencia económica de más rápido crecimiento del mundo. Más de la mitad de ese total (139,5 millones de litros) correspondió a Francia.
Nadie sabe qué porción del mercado ocupan las falsificaciones e imitaciones, dice Jim Boyce, que sigue el sector del vino chino desde su blog, ‘Grape Wall of China’, Afirma: «Las falsificaciones suelen ser de vinos muy populares o famosos».
Y el vino, especialmente el caro, es popular en China, a veces más por jactancia que por gusto.
La otra señora que probaba el blanco de Cerdeña en el restaurante de Pekín, Maggie Wang, concluía: «Hay mucho vino falso. Todo se falsifica en China. Para muchos consumidores chinos, cuanto más caro sea más lo comprarán. A los chinos les gusta eso: la casa más cara, el coche más caro. No quieren lo mejor. Quieren lo más caro».
Vistos los márgenes de beneficio y la demanda, los falsificadores suelen centrarse en los grandes vinos europeos. El famoso Château Lafite se ha convertido en paradigma de la falsificación. Una botella de Lafite 1982, considerada una de las grandes añadas del siglo XX, puede costar más de 7.000 euros. Y eso ha generado una potente industria de falso Lafite en China. Los aficionados dicen que hay más cajas de Lafite 1982 en China que las que se produjeron en total aquel año.

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