miércoles 15 agosto, 2018 - 11:32 am

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La “huella de carbono” en viñedos y bodegas

Ramiro Castillo Bond

La huella de carbono es parte de una tendencia mundial en donde la producción y el crecimiento deben ser equilibrados y respetuosos con el medio donde se desarrollan. Este incipiente concepto aparece como una alternativa que busca beneficios ecológicos, económicos y comerciales para las organizaciones responsables. Qué tendrían que hacerlas bodegas para “subirse” a esta tendencia

El concepto de huella de carbono hace referencia a una serie de acciones que permiten medir el impacto directo e indirecto que dejamos en el medio que nos rodea. El cambio climático traerá consigo temperaturas extremas, inundaciones y escasez de agua que afectarán seriamente a la agricultura, limitando la disponibilidad de alimentos para el consumo humano. En uno de los informes técnicos sobre sostenibilidad del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) se reafirma esta situación. En el mismo se cuestiona la seguridad alimentaria futura como consecuencia de una disminución en la calidad de los cultivos, sumado a la baja disponibilidad de tierras, recursos hídricos y un aumento en la erosión de los suelos.

La vitivinicultura como fuente generadora de alimentos en base a recursos naturales no puede estar ausente de esta problemática. Múltiples investigaciones realizadas, incluso en organismos de nuestro país, alertan sobre estas variaciones y el impacto
ocasionado en la industria, facilitando información a productores y bodegueros sobre acciones estratégicas de adaptación en tecnologías, procesos y variedades que se armonicen con los potenciales cambios que se están manifestando.

Dentro de las alternativas voluntarias de crecimiento sostenible y como paliativo a esta situación, surge el concepto de huella de carbono. Este término hace referencia a una serie de acciones que permiten medir el impacto directo e indirecto que dejamos en el medio que nos rodea. Por ejemplo, un tractor realizando labranzas en un viñedo consume combustible. Por un proceso de combustión del motor quema dicho combustible y libera al ambiente dióxido de carbono. Esta emisión se cuantifica y pasa a ser un pasivo ambiental
para la viña.

Para poder medir los impactos ambientales, se realiza inicialmente un inventario de los Gases de Efecto invernadero (GEI), identificando las fuentes de emisión, sumideros y reservorios. Éstos se contabilizan mediante la unidad de dióxido de carbono equivalente (CO2e). Las principales fuentes de emisión en bodegas se pueden observar en el siguiente gráfico.

Luego de contabilizar e inventariar los GEI se podrá decir que se conoce la huella de carbono para esa organización. Con esa información específica se podrá luego analizar y realizar distintos proyectos que contribuyan a reducir o compensar las
emisiones generadas. El marco regulatorio para la implementación y verificación de esta normativa está abarcada principalmente por tres alternativas que aplican en viñedos y bodegas:

INTE-ISO 14064: Su enfoque está sobre la huella de carbono a nivel organizacional, actualmente es verificable.

INTE-ISO 14067: Su enfoque está sobre la huella de carbono a nivel producto.

PAS 2050: Su enfoque está sobre la huella de carbono en base a la contabilidad de las emisiones para el ciclo de vida completo a nivel producto.

GHG Protocolo: Su enfoque está sobre la huella de carbono a nivel organizacional.

Beneficios de su implementación

Poder cuantificar la huella dentro de la industria vitivinícola brinda múltiples oportunidades y beneficios.

Los consumidores dan prioridades a aquellos productos que se han desarrollado en forma respetuosa con el ambiente. Un ejemplo son los resultados del estudio “Image Power Global Green Brands”, en donde el 60% de consumidores de todo el mundo prefiere comprar productos de compañías responsables con el medio ambiente aunque deban pagar un precio mayor por ello.

Países de la Unión Europea y Asia han establecido y en otros casos están avanzando en el desarrollo de normativas técnicas para huella de carbono, las cuales condicionan el ingreso de productos alimentarios, entre ellos vinos. Uno ejemplo es Francia con su Ley Grenelle II reglamentada en 2011.

Contribuye a la imagen de una empresa socialmente responsable, pues incorpora normas y principios ambientales dentro de sus valores.

Constituye una herramienta de diferenciación que potencia la marca u organización agregándole valor a los productos o procesos.

Por qué es importante que la Industria Vitivinícola cuantifique la huella de carbono

Es importante aclarar que este tipo de acciones actualmente son consideradas de aplicación voluntaria. Sin embargo, las iniciativas a nivel privado y público, asociado al nivel de concientización que consumidores están tomando en relación a los aspectos ecológicos, están ejerciendo una sana incidencia para que estas normativas se estandaricen definitivamente y formen parte de las condiciones necesarias para la comercialización de productos. Actualmente los países categorizados como desarrollados están aplicando parte de estas normativas para diferenciar sus productos y están comenzando a insistir en la necesidad de brindarle la posibilidad a cada consumidor de elegir. Un ejemplo concreto es el Reino Unido, donde cadenas de retail han comenzado a diferenciar sus productos con huella en las etiquetas. Tener verificada la huella de carbono es un beneficio compartido que pronto será una condición esencial para operar a nivel global. Existen claras demandas ambientales y la sociedad está tomando conciencia sobre ello. Los ecológicos son el eje estratégico a trabajar si pretendemos seguir creciendo como sociedad, pero respetando los recursos y el medio que nos los brinda.

Fuente: Observatorio Vitivinícola Argentino

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