domingo 28 febrero, 2021 - 4:36 pm

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Un verdadero vino volcánico

Cepas en el cráter de Chã das Caldeiras. Alrededor de 200.000 kilos de uva han sido recogidos este año en la isla de Fogo (Cabo Verde) entre los meses de julio y agosto.

Los alrededores del volcán de Chã das Caldeiras, incluido el propio cráter, donde se ubica la mayor parte de los viñedos a más de 2.000 metros de altitud, son el terruño de donde nace el vino Chã, el más conocido de la isla, que ha ido a asentarse en un mercado tan lejano como el de Estados Unidos merced a la labor de varios caboverdianos descendientes del noble de origen francés Montrond que residen allí. En solo diez años, Fogo ha pasado de elaborar 15.000 botellas al año a sobrepasar las 225.000, amén de otros 25.000 litros que se distribuyen a granel entre la población de la isla y que se ofrece como regalo turístico a quienes les visitan.

Con alrededor de 38.000 habitantes del total de medio millón con que cuenta el país, Fogo pretende buscar valor añadido en sus vinos desde la concepción ecológica de un viñedo que no necesita tratamientos químicos y de un vino que se elabora, con técnicas vanguardistas, pero respetando mucho la tradición. Por ello su Gobierno ha contactado con el movimiento Slow Food para intentar conseguir la denominación de Patrimonio Mundial del Gusto y para ello cuentan con el entusiasmo de su ministro de Cultura, Mário Lúcio Sousa, quien defiende los casi mil puestos de trabajo directos que aporta la vitivinicultura.
El precio de los vinos de la marca más reconocida de Fogo se sitúa en el entorno de los 7-9 euros de venta al público y alrededor de 4,55 euros en bodega.
El Chã, blanco moscatel, 2011 es un vino seco con aromas muy frutales a piña, lima y fruta de la pasión, con tonos anisados de hinojo, color amarillo limón, elegante, untuoso y expresivo, aunque algo corto de acidez. Es el vino preferido de los locales que, pese a su graduación alcohólica superior a los 14 grados, acompaña platos de pescado y carnes de aves y cabrito.
El Chã rosado, 2011, elaborado con preta tradicional, tiene gran calidad y equilibro pese a sus 14 grados de alcohol. De color frambuesa, el vino es una explosión de frutos rojos en los que predomina el aroma a fresón.
Pero el vino de Fogo no se detiene ahí. Una inversión realizada por tres hombres de negocios, uno de ellos el enólogo italiano Franz Egger, que lleva asesorando en la isla en la elaboración de vinos desde 1998, ha colocado en el mercado el primer espumoso del país, elaborado con uva moscatel. La empresa Delgado-Egger-Fonseca ha sacado al mercado un total de 400 botellas que espera colocar en las islas, tanto para los locales como para los turistas alemanes y franceses que visitan las islas. Su precio de salida duplica el del vino blanco o tinto tradicional, es decir se sitúa en torno a los 900 escudos, alrededor de 15 euros. Y, a la par, las bodegas de Chã das Caldeiras y Achada Grande producen un vino de uvas pasificadas, en pequeñas cantidades, tanto blanco como rosado y tinto que, acompañado de hierbas medicinales, es servido como aperitivo en las islas.
El vino tradicional ‘manecón’

El vino casero tradicional, del que este año se estima una producción superior a los 22.000 litros, se llama popularmente ‘manecón’, una palabra que viene de un portugués llamado Manuel, que vivía solo junto a su perro (cão en portugués), al que se atribuye la elaboración de un vino al modo y manera del pitarra español y que, dado su éxito no sólo en Fogo sino también en las islas de Santiago y Sal, las más conocidas y turísticas, se vende a un precio entre 400 y 500 escudos caboverdianos (entre 6,60 y 8,25 euros) el litro. Son vinos indistintamente blancos o tintos, casi todos con azúcares residuales y un sabor algo dulzón.
Los elaboradores de vino tradicional empiezan a dejar de lado las ventas a granel, dada la limitada producción con que cuentan, y venden casi todo embotellado, una vez que han mejorado ostensiblemente la calidad pese a ser fermentado en las casas de los propios viticultores de las áreas de Relva-Achada Grande, Chã das Caldeiras y otros pequeños majuelos dispersos por las zonas más elevadas de la isla de Fogo.
El auge del vino es la isla de Fogo ha servido para que el país reciba de la Unión Europea una ayuda de unos 300.000 euros para un proyecto de desarrollo del sector vitivinícola que incluye la construcción de una nueva bodega en Mosteiros, el aumento del área dedicada a la viticultura, la mejora de la producción y la formación de cuadros técnicos con la idea de cuadruplicar la producción en el próximo decenio.
Fuente: elmundovino.es

 

 

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