martes 14 julio, 2020 - 10:36 am

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La tecnología y su impacto en el empleo

A partir de una preocupación creciente en Mendoza sobre qué sectores de nuestra matriz económica podrán sostener el empleo en los próximos años, Revista La Bolsa (Bolsa de Comercio de Mendoza), entrevistó a Rodrigo González, economista y especialista en estudios del trabajo. La alta informalidad laboral y el inminente avance de los cambios tecnológicos sobre los sectores de la economía y su impacto en los empleos, fueron materia de análisis de la entrevista.

A comienzos de 2016, la Universidad de Oxford presentó un estudio sobre el impacto de la tecnología en materia laboral y donde se analiza cuáles son aquellos puestos de trabajo que están en riesgo de ser sustituidos por el avance de la automatización y la robótica en el mundo.

Revista La Bolsa: Respecto a éste inminente avance, ¿en qué etapa de éste proceso está el mundo y particularmente Argentina?

Rodrigo González: En los últimos 15 años, la demanda de empleo en el mundo está cambiando de manera vertiginosa. Puestos de trabajo dejan de ser demandados en el mercado –dejan de ser productivos-, y comienzan a ser reemplazados por la robotización y la alta tecnología. Este tema es fundamental comprenderlo desde el momento del diseño de una estrategia de desarrollo; es decir, a partir de un plan en educación y una estrategia de planificación en los sectores productivos para que realmente tengan capacidad de crecimiento. Según el estudio, en Argentina 2 de cada 3 puestos de trabajo corren serio riesgo de ser sustituidos por ese proceso. Hoy, los sectores tradicionales primarios de la economía del país que sostienen el tejido productivo, carecen de fuerza para absorber a los trabajadores que se suman anualmente a ese mercado laboral.

RB: ¿Y Mendoza?

RG: Haciendo un simple mapa de lo que está pasando con la fuerza laboral en Mendoza: tenemos en la provincia alrededor de 750 mil ocupados, de los cuales un tercio (unos 250 mil) son empleos privados registrados. Del otro lado, tenemos empleo público y mucha informalidad laboral. Estimamos que un 35% de la fuerza laboral de Mendoza está en la informalidad laboral y esto nos preocupa porque es un porcentaje muy alto. Creemos que dentro de ese porcentaje, hay una relación directa entre los “trabajadores informales” y  los números recientemente analizados sobre la pobreza en Argentina y particularmente en Mendoza. Si bien hay un programa de inclusión o programas de transferencia no condicionada (Asignación Universal por Hijo, p.e), que vienen trabajando bien desde hace varios años y en definitiva, son un sostén social, pero estamos convencidos que no alcanzan para sacarlos de la pobreza. Es un sostén que no alcanza para darle un progreso social compatible con un empleo formal.

RB: ¿Qué se observa con el empleo en la producción primaria de la provincia?

RG: En Mendoza, hay 3 sectores con altos niveles de informalidad laboral: la construcción, el comercio minorista –fundamentalmente, bares, restaurantes y micro emprendimientos- y el agrícola. El sector laboral agrícola, es considerado el de los “más informales”.

Si tomamos ese tercio del sector laboral formal –unos 250 mil trabajadores en blanco-, 80 mil de esos trabajadores se encuentran en los sectores de la producción de bienes, es decir, agro, industria y minería. Dentro de ese esquema, la vitivinicultura genera un 20% de su fuerza laboral en blanco –y sostiene gran parte del empleo privado en el sector de bienes-. Ahora bien, no podemos tener expectativas de que el movimiento ocupacional y el crecimiento de empleo en Mendoza este liderado por éste sector. Sin dudas que hay que defenderlo y estimularlo, pero no va a ser intensivo en generación de empleo en Mendoza porque todos los cambios y las tendencias que vienen a partir de la tecnología, automatización y la robótica, va a ser mucho más agresivo sobre éstos sectores agroindustriales.

RB: Y entonces… ¿Qué podemos esperar para la vitivinicultura de los próximos 20 años?

RG: La industria se va a someter a un proceso intensivo de incorporación de tecnología, compatible con la mejora en la productividad y en la calidad del sector que sin dudas va ser ahorradora de mano de obra en todos los niveles: en la cosecha, en los procesos de producción intra-bodega (donde la tecnología está relacionada con una menor demanda de trabajadores). Los únicos sectores de la industria vitivinícola que serán capaces de generar mano de obra son el “enoturismo” -relacionado con el servicio y no con la producción de vinos en si misma-, y “las ventas on-line” que es una gran tendencia mundial.

RB: ¿La clave son los servicios?

RG: Es muy fuerte la tendencia de los últimos 20 años. El empleo en el mundo va migrando hacia los sectores de servicio. Los servicios empiezan a desplazar a la industria. Hace 10 años atrás un país que perdía empleos en el sector industrial o que ingresaba en un proceso de desindustrialización, estaba realmente en problemas. Hoy no es tan así. La industria comienza a crecer de la mano de la productividad, es decir, de la mano de la innovación que no genera empleo. Y esa innovación que incorpora la industria requiere articularse con servicios para poder funcionar de manera correcta. Así por ejemplo, la innovación para nuestra bodegas es encadenarse con el turismo, con los sectores de venta on-line, y eso requiere que las bodegas empiecen a incorporar conexiones con el sector de comercio, con el sector informático, con el sector de transporte, son todos servicios que se empiezan a anexar a la bodega que hacen crecer el negocio pero no necesariamente el empleo en lo que es la “producción dura”.

RB: ¿Qué es el “bono demográfico”?

RG: Los países desarrollados de Europa tienen su población envejecida. Esto significa que la población pasiva –más de 65 y menos de 15 años, población dependiente- crece más que la población activa. En esas comunidades es un gran problema y una preocupación porque están conviviendo en un sistema económico donde los que producen las riquezas son cada vez menos de quienes están ya en edad de participar del sistema previsional, el sistema de seguridad social. En ese contexto, es política de los estados que están viviendo ese proceso, ocuparse de inmediato en la solución. Lo que ocurre en Argentina –y Mendoza en particular- es exactamente lo contrario. El análisis que hacemos del “bono demográfico” en el país, es porque la población en edad de producir riqueza aumenta más que la población pasiva. Y esto puede analizarse como una oportunidad que viene de la mano de ese “bono demográfico”. Pero si bien es una oportunidad, también implica que tu población activa –es decir, en edad de trabajar-, crece; y comienza por año a generar y trasladar nuevos trabajadores al mercado laboral. Son los nuevos jóvenes que se incorporan al mercado laboral, es decir, son más de los adultos que se retiran. Cuando vemos el neto en el caso de Mendoza por ejemplo, en promedio, están ingresando al mercado 8.000 nuevos trabajadores/año. Esto significa que si vos no creas en el mediano plazo un promedio de 8 mil empleos al año, no estás conteniendo la presión de la oferta laboral. Estos nuevos trabajadores en la actualidad tienen 3 alternativas: o consiguen empleo en blanco que se generó en la economía, o trabajan en negro o son desocupados.

RB: Como conclusión y a partir del análisis, ¿Qué es conveniente hacer para para sostener un modelo de desarrollo o generar condiciones de trabajo inclusivas?

RG: A futuro, los servicios tienen todas las condiciones para incrementar aún más su participación en el mercado laboral, siempre y cuando posean los incentivos apropiados. Mendoza requiere proyectar un nuevo modelo de crecimiento inclusivo, capaz de sostener las demandas sociales que se avecinan. Tenemos una oportunidad cierta para diversificarnos y posicionarnos como exportadores de servicios de alta calidad, pero todo dependerá de cómo la capitalicemos.

Fuente: Revista Bolsa de Comercio de Mendoza  – www.bolsamza.com.ar

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