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El malbec genera 35 veces más empleo por hectárea que la soja

Boom. En casi treinta años, se pasó de 10 mil hectáreas a más de 40 mil, El 50% de la exportación argentina de vinos incluye malbec, como única variedad y en blends.
Boom. En casi treinta años, se pasó de 10 mil hectáreas a más de 40 mil, El 50% de la exportación argentina de vinos incluye malbec, como única variedad y en blends. Foto:abbate

¿De qué se habla cuando se habla de vino? El vino es considerado un alimento en la Argentina. Según el código alimentario nacional, se trata de la bebida producida a través de la “fermentación alcohólica de la uva fresca y madura o del mosto de la uva fresca”. La normativa establece, asimismo, que la uva utilizada para la elaboración del vino debe pertenecer a la especie Vitis vinifera, que –como su nombre lo indica– es la utilizada para la elaboración de vinos de alta calidad en el mundo. Existen más de setenta especies del género Vitis, con usos que van desde lo ornamental hasta la producción de uva de mesa o pasas de uva, pero resultan de calidad marcadamente inferior cuando se las fermenta.

A su vez, y a pesar de que la mayor parte de la gente sólo registra un puñado de variedades como malbec, cabernet sauvignon o chardonnay, existen en el mundo más de 7 mil –y hay quien dice que hasta 10 mil– variedades de Vitis vinifera diferentes– aunque sólo algo más de 1.300 de ellas se utilizan normalmente para la elaboración de vino, y la mayor parte de ellas sólo en volúmenes realmente muy bajos.

En el mundo. A nivel internacional, el malbec goza de un creciente respeto, pero todavía no entra al club de las variedades más implantadas del mundo: Ocupa tan sólo alrededor de 55 mil hectáreas sobre un total aproximado de 7 millones y medio de hectáreas de viñedo en el globo.

Sin embargo, el hecho de que las hectáreas implantadas con malbec representen un porcentaje tan menor del viñedo global no debe desanimar a nadie, ya que las perspectivas para la cepa más emblemática de nuestro país son positivas: Argentina lidera el ranking global, con casi 40 mil hectáreas, seguida de lejos por Francia, el país del que es originario el malbec, con alrededor de 5 mil. Países como Estados Unidos, Chile, Australia, Sudáfrica y varios otros están empezando a prestarle atención y a producir en mayores cantidades, inspirados por el potencial cualitativo demostrado por la variedad y el éxito comercial del malbec en Argentina.

Para poner en perspectiva el desarrollo del malbec, alcanza con evaluar su performance en el marco de las exportaciones de vino en el mundo. Las exportaciones vínicas de argentinas en 2015 representaron casi 362 millones de litros, por un total de 939 millones de dólares. Más del 50% de esos envíos de vino argentino al mundo está compuesto por botellas de malbec, o de blends en los que el malbec juega un rol relevante.

Por otro lado, la Argentina exporta alrededor del 25% de su producción cada año, lo que equivale a aproximadamente el 2,5% del comercio global de vino. Si a eso se le suman los malbec del resto del planeta, se puede observar claramente la pujanza de la categoría malbec ya que, a pesar de representar sólo el 0,6% de los viñedos del mundo, equivale a alrededor del 1,5% de las exportaciones globales de vino. Es cierto que el malbec todavía no pertenece a la élite de las cepas más bebidas del mundo, pero todo hace pensar que tiene todas las cualidades necesarias para entrar al club. El potencial está a la vista.

Amor francés. La cuna del malbec, al menos hasta donde se ha podido comprobar, está en Cahors, en el suroeste de Francia. Se estima que la vid ingresó en esta región alrededor del año 150 d.C., proveniente del Imperio romano, y los vinos producidos en ella estuvieron considerados entre los más prestigiosos del mundo durante más de mil años: las primeras referencias a la calidad de sus vinos se encuentran en obras de Horacio y Virgilio. Siglos más tarde, durante el reinado de Leonor de Aquitania (1122-1204) –casada en primeras nupcias con el rey Luis VII de Francia y posteriormente con el rey Enrique II de Inglaterra, y madre de Ricardo Corazón de León–, cuyo ducado se extendía por el oeste de Francia desde el Loira hasta los Pirineos, Cahors se desarrolló como gran exportador de vinos hacia las islas británicas, iniciando el gusto de los ingleses por el malbec. La reputación de los vinos de Cahors llegó a ser tan alta que incluso el zar Pedro el Grande y su sucesora Catalina la Grande pusieron especial énfasis en plantar malbec llevado de Cahors en sus viñedos de Crimea, a principios del siglo XIX.

El vino de Cahors, y por ende el malbec –o côt, como se lo conocía entonces, y que compone aún hoy la base de su viñedo, junto con porcentajes menores de merlot y de tannat–, era sin duda uno de los más importantes y prestigiosos del mundo. Esto explica que, cuando a mediados del siglo XIX se importaron las primeras variedades francesas a la Argentina –que ya producía vino desde mediados del 1500, vale aclarar–, el malbec fuera una de las primeras en la lista.

Fue el francés Michel Aimé Pouget, quien fuera nombrado director de la Quinta Agronómica de Mendoza, el encargado de traer las primeras estacas de malbec a la Argentina. El historiador mendocino Pablo Lacoste, tal vez la persona que más ha estudiado la historia del vino en Argentina en los últimos años, lo resume así en su ensayo (que vale la pena leer y se encuentra gratis online) Historia del malbec, cepa insignia de la Argentina: “Después de la caída de Rosas y la normalización institucional de la Argentina, se generaron las condiciones para recuperar el tiempo perdido. Sarmiento regresó a su país y promovió la fundación de la Quinta Normal de Mendoza. Siguiendo el modelo de Francia y Chile, esta Quinta Normal se propuso incorporar nuevas variedades de cepas, como medio para mejorar la industria vitivinícola nacional. (…)

”Esta institución, que fue fundada a instancias de un exiliado Domingo Sarmiento en Chile primero y en Cuyo unos años más tarde, cuando logró regresar, tuvo un impacto tremendamente significativo en el desarrollo de la vitivinicultura argentina, ya que funcionó como vivero, propagando variedades de alta calidad enológica, y como centro de educación e investigación, formando a profesionales que forjaron una etapa de crecimiento del vino argentino. Es para honrar esa institución pionera en el desarrollo de una viticultura de calidad que, a instancias de Wines of Argentina, la entidad que se encarga de la promoción del vino argentino en el mundo, todos los años se celebra el Día Mundial del Malbec cada 17 de abril.

Local. Desde su incorporación al viñedo argentino, hace más de 160 años, el malbec se destacó por la facilidad con la que se adaptó a los distintos terruños de la nación y por la calidad de los vinos que permite elaborar, razón por la cual tuvo un rápido desarrollo. Por otro lado, pocos años después de la entrada del malbec al país, los viñedos de Francia y gran parte de Europa fueron devastados por la acción de un insecto llamado filoxera, que entró a Europa a través de los barcos que provenían de América del Norte. Esta plaga azotó y destruyó cientos de miles de hectáreas de viñedos del Viejo Mundo durante más de cuarenta años, hasta que lograron combatirla injertando las vides con pies de otras especies de Vitis que eran resistentes a este parásito.

Cuando a principios del siglo XX comenzó la tarea de replantación del viñedo europeo, se privilegiaron variedades más resistentes a enfermedades y que produjeran mayores rendimientos. Así fue como la superficie implantada con malbec disminuyó dramáticamente en Francia, como Argentina accedió a conservar un patrimonio genético prefiloxérico de malbec de un valor incalculable y como, por fin, el malbec encontró su nuevo hogar.

El malbec, especialmente en Argentina, goza de varias cualidades que lo hacen único: un color violáceo, profundo y brillante, que lo hace muy atractivo; aromas florales y frutales intensos; texturas y sabores definidos, una gran personalidad. El malbec es, además, increíblemente versátil, adaptándose muy bien a la enorme mayoría de los terruños argentinos. Su gran expresividad le permite mostrar no sólo las características gustativas de la variedad, sino también las virtudes del terroir en el que se elabora, lo que hoy en día es muy valorado como una virtud por los grandes catadores del mundo. Es también muy plástico, ya que se pueden elaborar rosados y tintos jóvenes para consumo diario, tintos complejos de alta gama que pueden mejorar con varios años de crianza y hasta vinos de postre al estilo del oporto, vinos blancos, espumosos y destilados.

Estas características le abrieron las puertas al malbec a un mundo ávido de nuevas experiencias en el que cada vez se toma mejor vino cuando la producción argentina tuvo una crisis de consumo, que generó grandes excesos de inventario entre los años 70 y 90, y se vio forzada a comenzar a promocionar sus vinos en el mundo. Críticos, sommeliers y consumidores de diferentes países descubrieron el potencial de esta variedad, coincidieron en resaltar sus virtudes, y quedó plantada la semilla para la (r)evolución del malbec en el mundo.

¿El resultado? Argentina pasó de tener 10 mil hectáreas de malbec plantadas en 1990 a casi 40 mil al día de hoy. De prácticamente no exportar vino a los casi mil millones de

dólares de 2015. De no figurar en las cartas de vinos de los restaurantes del mundo a que el malbec se vendiera por copa en cualquier cadena de steakhouses que se precie. De producir su vino enfocada en la cantidad de litros que se podían elaborar con un viñedo productivo, como lo venía haciendo desde principios del 1900, a enfocarse en lograr la mayor calidad, aun a costa de los rendimientos y del mayor esfuerzo que implica plantar a mayor altura, en el medio de la piedra omnipresente en las laderas de los Andes.

El malbec fue la llave que abrió la puerta de las exportaciones. También la que renovó el consumo entre los jóvenes, la que encabezó la sana costumbre de vender vino por copa en los restaurantes,

la que nos devolvió la autoestima y nos convenció de que podíamos competir con los mejores del mundo, y la que atrajo a varios de esos “mejores del mundo” a invertir en Argentina. Es pilar de la vitivinicultura argentina, un sector con más de 115 mil puestos de trabajo directos, que genera 35 veces más empleo por hectárea que la soja.

¿Y qué viene después del malbec? La respuesta es más y mejor malbec, que es lo que las bodegas están haciendo. También la promoción de otras variedades, ya que al fin y al cabo el malbec sólo ocupa menos del 20% del viñedo argentino. Hoy hay vinos elaborados con cabernet sauvignon, cabernet franc, bonarda, syrah, grenache, pinot noir, tannat, merlot y otras variedades; vinos de corte blancos y tintos; espumosos; y vinos blancos elaborados con variedades como chardonnay, sémillon y torrontés entre los blancos, que son una realidad que vale la pena explorar. Llaves listas para abrir otras puertas. Pero el primero, el que supo abrir la puerta para que todos pudieran salir a jugar, fue sin dudas el malbec. Y por eso le rendimos homenaje.
*Vicepresidente para las Américas de la Asociación de la Sommellerie Internacional.

Andrés Rosberg

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http://www.perfil.com//elobservador/el-malbec-genera-35-veces-mas-empleo-por-hectarea-que-la-soja.phtml

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