viernes 14 diciembre, 2018 - 5:53 am

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Tim Atkin asegura que son “Tiempos críticos para Argentina”

por Tim Atkin MW para Harper Magazine

Cada año, al final de mi gira de tres semanas por Argentina, me siento con el Dr. Nicolás Catena de Bodega Catena Zapata y compartimos un desayuno. Él, inevitablemente, quiere hablar de vino, sobre nuevas bodegas y regiones, y acerca de la última cosecha, mientras que yo quiero hablar de economía, la cuál es su especialidad. Antes de convertirse en una de las principales figuras de la industria vitivinícola argentina, Catena era un intelectual/académico reconocido y es aún un persona extremadamente intuitiva.

Él es esencialmente optimista, pero en febrero de este año Catena parecía sombrío. “No tendremos buenas noticias en el futuro cercano”, predijo. Qué correcto estaba. Argentina aún no está al borde del colapso económico, comparada con el humillante 2001, pero la inflación está por encima del 30%, las tasas de interés están en 60%, el peso está en su menor tasa frente al dólar y el gobierno del presidente Mauricio Macri ha solicitado al Fondo Monetario Internacional por un préstamo de $ 50 mil millones.

Argentina ha pasado por tiempos peores, y no solo en 2001. En marzo de 1990, la inflación alcanzó el 20262.80%, una cifra que seguramente califica para algún tipo de récord mundial. Por supuesto, la alta inflación es una constante en Argentina, como la contaminación en partes de Buenos Aires. La tasa promedio entre 1944 y 2018 fue del 199%, incluso habiendo pasado por períodos de estabilidad relativa, especialmente en los años noventa. Pero las otras cosas son preocupantes. Argentina está contra las cuerdas nuevamente.

Cuando Macri fue elegido a fines de 2015, parecía que podría terminar con la volatilidad financiera endémica del país. Al principio, los signos fueron buenos, ya que los inversores respondieron bien al tipo de cambio flotante de la Argentina y a la economía liberalizada. El gobierno pidió prestado dinero para pagar su déficit heredado, pero parecía tener el control. Ahora, frente a un dólar mucho más fuerte, que hace que el déficit sea más caro de pagar, Macri recurrió al FMI por un salvavida. Si eso no funciona, la recesión se avecinará.

¿Qué significa esto para la industria del vino? Para los exportadores que venden en pesos, la tasa de cambio débil es una bendición potencial, pero la mayoría de las grandes empresas prefieren comerciar en dólares o euros. Las cosas que se importan -los barriles, por ejemplo- son mucho más caras, mientras que la inflación ha elevado el costo de la mano de obra, el transporte y los servicios públicos. Al menos, la cosecha de 2018 fue considerable, un 31% más grande que el año 2017 afectado por las heladas, pero el costo de producir vino está aumentando con vendimia tras vendimia. Más pronto que tarde, eso tendrá un impacto en los precios de exportación de las bodega.

Un posible resultado positivo de todo esto es que Argentina se ha mudado del sótano de gangas de vino a granel del mundo. Simplemente no puede competir con Chile, Sudáfrica y España a los precios que pueden cobrar por sus vinos. Argentina, como dijo un productor, está condenada a la calidad. Lo alentador es que los consumidores parecen estar dispuestos a pagar por los vinos premium argentinos, lo cual es igualmente bueno, ya que es el sector más rentable de la industria. Durante su segunda medialuna, Catena me confesó que usa sus vinos íconos para subsidiar sus marcas de mercado masivo.

Hablando de vinos premium, el destino del Grupo Gaucho, aún en funcionamiento, pero que busca un comprador luego del colapso de su marca Cau, es de gran importancia para el futuro de Argentina en el Reino Unido. Las 16 sucursales venden alrededor de 350,000 botellas de vino argentino cada año y son un escaparate vital para los mejores y más prometedores productores. Pero ahora, ese comprador a largo plazo Phil Crozier se ha convertido en embajador de la marca de Wines of Argentina, ¿quién reemplazará su pasión por el país y el conocimiento de sus vinos? Si Gaucho sobrevive, se corre el rumor de que ya no se centrará solo en Argentina y ya está rematando su stock.

La ironía de la situación económica de Argentina es que el país está elaborando los mejores vinos de su historia. La plaza debería estar en pleno auge, pero esa persistente tasa de inflación ha alejado a los inversores externos. La última adquisición importante en el extranjero fue la adquisición de Achával Ferrer por parte del grupo ruso Yuri Shefler en 2011. A principios de este año, la empresa española O Fournier, creada en tiempos más optimistas con considerable fanfarria, se vendió por 9 millones de dólares a una empresa argentina. Sólo los locales, al parecer, tienen fe en el futuro. Pero al menos están acostumbrados a la inestabilidad. Como dice Hans Vinding-Diers de Noemía: “Argentina está contra la pared todo el tiempo, así que si la gente todavía está haciendo vino, debe ser muy apasionado al respecto”. Esperemos que el FMI no sea tan severo con Argentina.

Traducido por María Laura Ortiz y Rodrigo Ojeda de Winifera.com

 

 

Esto nos dijo Tim Atkin en febrero de 2018.

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