viernes 14 diciembre, 2018 - 5:15 am

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Un dólar más caro ayuda a las economías regionales, pero quedan varias tareas pendientes

Por Jorge Day (Ieral) para El Cronista

Con un dólar más caro, y si se mantiene así en el tiempo, podría esperarse un repunte de las economías regionales. Sin embargo, opiniones especializadas ponen en duda esa posibilidad. A pesar del dólar caro, señalan que hay otros factores que condicionarían dicho repunte. El objetivo de este informe es analizar la capacidad de reacción de las exportaciones regionales y también considerar aquellos factores que la pueden limitar. PUBLICIDAD Un dólar más alto favorece a las actividades que producen bienes exportables. Cuando se produce, disminuyen los costos argentinos en esa moneda (especialmente los laborales), y por lo tanto permite a los exportadores ofrecer menores precios en dólares y colocar más productos en el exterior. Un ejemplo clarísimo fue la devaluación de 2002. Aunque con algunas excepciones, los precios en dólares de varios productos regionales disminuyeron entre el 10% al 30%, y algunos más, como un 70% en los vinos a granel. Como consecuencia, también con sus excepciones, se incrementaron las cantidades exportadas. No hay una relación muy precisa que indique que aquellos productos que más redujeron sus precios fueron los que más incrementaron sus cantidades exportadas. La actual devaluación no ha sido tan fuerte como la de 2002, pero igualmente ha sido significativa, puesto que el poder de compra del dólar es similar al de 2007, cuando Argentina todavía se mantenía competitiva.

Habiéndose devaluado fuertemente hace pocos meses, es posible que todavía no se observe su impacto sobre el sector exportador. Aun así y a pesar de la mala cosecha en oleaginosas, los datos muestran que, en los primeros ocho meses de este año, ha habido mayores ventas externas en algunos productos regionales (carnes, granos, lácteos, frutas). La otra visión Siendo así, surge la inquietud de por qué especialistas consideran que la actual situación no es tan beneficiosa para economías regionales. Al menos, pueden presentarse las siguientes razones. Heterogeneidad regional: las economías regionales están compuestas por un sinfín de actividades diversas. Por un lado, están las primarias y las agroindustriales. Dentro de las primeras, se puede mencionar que en varias ya se había cosechado antes del aumento fuerte del dólar (uvas, frutas), por lo cual no pudieron aprovechar el beneficio de devaluatorio, a través de mayores precios. Otra heterogeneidad es que hay varios casos sus productos se destinan principalmente al mercado interno, habiendo casos en que no le resulta ser tan fácil exportarlos. En estos casos, la devaluación los perjudicó porque la misma generó una caída importante en el poder de compra de la población. Entre los más complicados, pueden mencionarse los vinos comunes, la yerba mate y el arroz. Dependencia con Brasil: el aumento del dólar hizo que Argentina resultara más barata con respecto a Estados Unidos, pero no tanto con Brasil, que es el principal cliente de varios productos regionales. Aun así, a pesar de sus complicaciones, las importaciones brasileras vienen incrementándose en lo que va del año, aunque no en forma pareja. Entre los beneficiados se hallan las manzanas, aceite de oliva y trigo, mientras que entre los desfavorecidos están el arroz, porotos y ajos. En todos estos casos, sus variaciones se han explicado más por cantidades exportadas, salvo en ajo, que se vendió más, pero su precio cayó significativamente (invasión de ajo chino). Costos de logística: dada la lejanía de varios centros productores, la logística es un costo muy relevante para las economías regionales. Cuando se devaluó en 2002, costos vinculados a la logística se redujeron en dólares; el gasoil se redujo en un 40%, y algo similar con la energía, relevante en la refrigeración de productos exportados. En cambio, en la actualidad, el precio del combustible ha sido liberado, y dado un precio internacional más alto del crudo y con la devaluación, ese costo se ha hecho notar. También ha habido una recuperación más que significativa en las tarifas energéticas. Ambos hechos han encarecido notoriamente la logística. Además, hay que incorporar el alto costo aduanero, con puertos argentinos más costosos que los de otros países. Retenciones: Actualmente las alícuotas de este impuesto son parejas para todos, salvo un poco más altos para los primarios (pagan $ 1 extra por dólar exportado). En cambio, hasta 2015, no era así el esquema, puesto la soja tenía un porcentaje mayor (35%) y también los granos (20%), mientras que era del 5% para el resto de los productos regionales. Ahora, estos últimos productos, especialmente los primarios, pagarían más del 10%. En comparación a la situación 2015, el nuevo esquema de retenciones es relativamente menos pesado para los productos pampeanos, no así para el resto de las economías regionales. Altas necesidades financieras: actividades como la agropecuaria y la agro-industrial presentan brechas en tiempos muy grandes entre la fecha de compra de insumos y de materia prima y la fecha de cobro por las ventas de sus productos. Es decir, tienen alta necesidad de capital de trabajo. Por lo cual, le pesa seriamente las altas tasa de interés. En general, muchas economías regionales están compuestas por pymes, que tiene poca fuerza para demorar pagos y adelantar cobros. Y en una recesión sufren adelantos en la exigencia de pagos y demoras en los cobros, por lo cual sus necesidades financieras se amplían, y se padecen más con las altas tasas de interés. Concluyendo, con un dólar más caro, las economías regionales deberían estar mejor posicionadas que hace un año atrás. Surgen dos planteos. El primero es si el dólar se mantendrá caro. La historia argentina muestra que una vez alcanzado un techo, luego comienza a rezagarse con respecto a la inflación. Debido a la actual recesión, se espera que ese rezago sea muy lento. El segundo planteo es que, a pesar de un dólar más alto, existen otras complicaciones que sufren varias economías regionales. Entre los puntos que requieren un tratamiento pronto, cabe mencionar el alto costo del financiamiento, la presión impositiva (incluyendo retenciones) y los costos de la logística. Todavía hay trabajo para mejorar. 

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