miércoles 5 agosto, 2020 - 4:06 am

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El vino en el Reino del Revés  

Por Pablo Pérez Delgado y Marcelo Bustos Herrera

La pandemia generó inesperados efectos sobre el consumo. Al principio de la cuarentena, quienes tenían capacidad de ahorro, se stockearon por temor al desabastecimiento. Mientras transcurrían los días de aislamiento y la situación en gran parte del país -excepto el Área Metropolitana de Buenos Aires- lentamente se iba normalizando, las grandes bocas de expendios (supermercados y mayoristas) fueron los primeros grandes ganadores del comercio, ya que vieron aumentar sus ventas de manera significativa. De todas maneras, mientras transcurrían los días y se agudizaba el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) en los principales mercados que se concentran en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, el consumo en general se cayó significativamente. Muchos factores aportaron a esa situación, pero principalmente, la caída de fuentes laborales y el deterioro del poder adquisitivo de los bolsillos argentinos, terminó dándole un empujón más al consumo en general del país.  

Pero singularmente, el rubro “vino” -en todos sus envases, e incluso a granel- vio un empuje inusitado en ventas, a contrapelo de lo que sucedió con la mayoría del rubro “bebidas”. El envasado se montó sobre el cohete de las botellas de más de un litro (botellón). En tiempo de aislamiento, muchos consumidores optaron por maximizar el costo-beneficio y decidieron consumir más por el mismo precio o unos pesos más. Las exportaciones también crecieron, enancadas en pedidos que habían sido hechos antes de la brutal aparición del Covid – 19.  

No los vamos a marear con números, que, según las estadísticas, son muy buenos a la hora del despacho y del consumo, sobre todo en los hogares argentinos, que, frente al aislamiento, eligieron tomar más, como lo fueron demostrando las cifras del primer semestre de 2020.  

El propio titular del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Martín Hinojosa dijo: “los despachos de vino al mercado interno muestran datos sorprendentes porque comparado junio de este año con el de 2019 encontramos un aumento de más del 25% y a nivel semestral el aumento es del 7%» y agregó «esta es una noticia que sorprende estando en pandemia es indudable que el sector viene mejorando su consumo, no solamente en el mercado interno sino también en el externo en el cual, durante el mismo semestre el crecimiento fue del 52%, con respecto a igual periodo del año anterior. Estos datos son más que interesantes para el sector».  

Es cierto también que hubo una leve caída en los valores de las exportaciones del vino argentino. Según los últimos datos oficiales en materia de precios, que comprende durante el período enero-mayo (5 meses) se acumularon divisas por 363 millones de dólares entre vinos y mosto lo cual indica una disminución del 3,5% respecto al mismo período del año anterior.  

Así, en vinos, en este período Argentina exportó por valor de 312 millones de dólares, cayendo un 4% en relación igual lapso de 2019.  

Luego de la aparición de todos estos datos explota una nueva polémica en el sector bodeguero. Los que validan los datos y ven de manera auspiciosa el crecimiento de los despachos al consumo, fundamentalmente en el mercado interno, muchas veces soslayado porque solo mueve pesos y no dólares. Y esto fue motivo para un nuevo enfrentamiento discursivo entre dos modelos. Por un lado, Bodegas de Argentina vuelve a la carga y dice que “por quinto año consecutivo cae la facturación de la industria del vino, si bien los volúmenes crecieron en mayor o menor medida, es más contundente lo que han caído los precios, por ende, la facturación total y el valor agregado también, que es lo que realmente cuenta a la hora de analizar la situación del sector que, sin dudas, no es bueno». «De la facturación sale la inversión y el empleo, no de las cajas vendidas a un precio más bajo en promedio”, amplió el comunicado. Patricia Ortiz, titular de Bodegas, y agregó “veo con preocupación la caída del precio promedio y por ende de la facturación, la falta de premiumización en los mercados externos y la agresiva promoción en el mercado interno”.  

Fue a partir de esas declaraciones la inmediata reacción del sector primario -agrupados en la Asociación de Viñateros de Mendoza-, que aseguró que detrás de esas sensaciones de la titular de Bodegas de Argentina se esconde “una operación mediática de los formadores de precios y que amenazan el sacrificio de todo un año de trabajo». «El evidente incremento del consumo debe ir acompañado de la tonificación del valor de las uvas y vinos, Bodegas de Argentina intenta nuevamente influir sobre las expectativas e impedir que el precio que se paga al productor se recupere y suba a niveles acordes al valor de mercado. Por el contrario, apelando a información sin fuente ni procedencia conocida, niegan los informes del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) y pretenden demostrar una constante caída en los niveles de facturación con el propósito evidente de agravar la difícil situación que venimos atravesando los productores primarios en los últimos años”, aseguran los viñateros. Detrás de esta nueva escaramuza, aparecen varios interrogantes y reclamos. El gremio de los trabajadores de viñas y bodegas dice: «si se vende más, deberíamos verlo reflejado en nuestros salarios». Y pide hasta un 40% de aumento.  

Con rigor científico, los especialistas consultados aseguran que el valor agregado se compone de remuneración al capital y remuneración a la mano de obra. Por eso, “afirmar que el fraccionamiento es el que genera valor agregado en la cadena es una mirada parcial, ya que el fraccionamiento genera la parte de remuneración al capital en tanto que la producción primaria y la elaboración son los que generan la parte de valor agregado de remuneración a la mano de obra”. En una actividad que se precia históricamente de tomar decisiones a partir de los consensos y hacer análisis y diagnósticos siempre observando al conjunto de todos los actores de la industria, plantear una grieta entre “Valor versus Volumen”, es de una falta de honestidad intelectual manifiesta. Explican los expertos que el interés privado o particular se centra en maximizar la rentabilidad, lo cual en general, no siempre viene de la mano del aumento de precios y la retracción de las cantidades. Es decir, prevalece el valor sobre el volumen. El interés sectorial en cambio, se enfoca en el volumen por sus efectos distributivos a lo largo de toda la cadena de valor vitivinícola, basada en equilibrios y precios justos en todos sus eslabones. Por lo tanto, la puja entre valor y volumen es igual a la puja entre interés particular e interés sectorial. En tiempos de crisis, estas dicotomías discursivas no aportan para nada y mucho menos a la solución; todo lo contrario, solo terminan destruyendo familias de trabajadores, pequeñas y medianas empresas, en definitiva, un modelo de industria que fue concebida con esfuerzo hace más de 150 años.

A esto sumarle que el modelo de venta directa significó un sacudón a las cadenas de comercialización. Como siempre, en las crisis surgen las oportunidades, y muchos vieron en el negocio de la venta de vino una buena ocasión para obtener beneficios. Y surgió con fuerza el canal on line para remplazar la venta en comercios. Pero como todo lo nuevo, aportó interrogantes y discusiones. Hasta qué punto pueden solaparse las empresas con las distribuidoras. Se produjeron fuertes colisiones en los precios, en donde quien resultó más favorecido fue el consumidor, que vio aumentar la oferta, no solo de valores, sino de marcas, con el agregado de la llegada directa del producto a su casa.

Cuando pase, la pandemia dejará cuestionamientos, desafíos y lecciones, pero no cabe duda de que hay algo que no debemos olvidar. La industria vitivinícola es una, atomizada por la conformación de varios actores con distintos intereses y egos, como cualquier actividad. Pero cuando entran en juego solo los sectores, que se arroga representatividad en desmedro del otro, al final del camino no habrá más consumo, facturación o la mentada «premiumización» que algunos invocan. Habrá un profundo desfiladero y allí si, en el fondo, nos encontraremos todos.  

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